Nuestra Historia

EL CAMINO DE NUESTRA HISTORIA
o la construcción de una metodología de trabajo

La identidad tiene su propia fuerza

En 1978 los jóvenes de distintos sectores poblacionales comenzaron a reunirse, motivados por la necesidad de crear espacios propios donde pudieran expresar lo que el medio les obligaba a callar.

Ese mismo año nos reunimos con los dirigentes de la Coordinadora de Cesantes de la Zona Oriente de Santiago, y elaboramos un proyecto de trabajo que respondiera a las necesidades de estos jóvenes. Eramos un grupo pequeño que decidimos hacer una experiencia tentativa, orientada a apoyar la acción de estos gérmenes del movimiento popular que se iba reanimando y como la acogida fue muy buena, el trabajo realizado fue dando vida a nuestro Taller de Acción Cultural.

Al principio creamos cuatro talleres: Teatro, Folklore, Literatura y Plástica, que se desarrollaron a partir de grupos de jóvenes que asumieron la actividad en lugares diferentes. El TAC apoyó su actividad con monitores que tenían experiencia y conocimientos en cada área específica.

En esos años habíamos sido testigos del significado que había tenido la creación artística para los familiares de Detenidos Desaparecidos, los cesantes y los Presos Políticos (arpilleras, tallados en hueso y metal…); por eso pensábamos que esta podía ser un medio para rescatar el lenguaje, la expresión y la dignidad, que habían sido tan brutalmente aplastadas.

En la primera etapa del trabajo descubrimos que la dictadura había logrado un alto nivel de atomización entre los jóvenes pobladores y que esto creaba las condiciones para introducir valores y formas de vida que fueran funcionales al sistema que ella pretendía imponer. Esto nos llevó a concluir que la formación de un equipo exigía superar el individualismo, la competencia y otros comportamientos internalizados, que obstáculizaban el trabajo colectivo.

Nuestra propuesta apuntó a canalizar la necesidad de expresión y comunicación de los jóvenes, en la creación de obras de teatro y canciones que constituyeron su primer logro. El resultado alcanzado fue decisivo para mejorar su auto-imagen, modificar sus actitudes y, por supuesto, los ayudó a cohesionar sus talleres.

La creación de una obra exigía, previamente, investigar el tema que iban a tratar. En este proceso se les planteaban una serie de interrogantes que los llevaban a reflexionar tanto sobre sus necesidades reales como sobre el origen de sus problemas, y las respuestas que iban encontrando superaban el tema de la obra.

El mensaje propuesto en una de las obras que crearon les hizo ver la necesidad de establecer un método de trabajo más coherente. Es decir, que si en su obra mostraban el valor de la participación, era necesario que ésta tuviera la misma relevancia en su equipo y en su método de trabajo.

Así, los Talleres fueron modificando sus formas de funcionamiento al romper con las jerarquizaciones innecesarias, al internalizar la participación en la toma de decisiones y al construir un sistema de trabajo colectivo. De este modo, los conocimientos técnicos pasaron a ser las herramientas utilizadas por los jóvenes para mostrar, a través de una obra de teatro o una canción, ese mundo que iban descubriendo.

Simultáneamente, estas creaciones los incentivaron para organizar peñas y actos culturales que se constituyeron en un punto de encuentro para los pobladores.

El método de trabajo implementado generó una dinámica de reflexión sobre su práctica y, al cabo de un tiempo, los jóvenes comenzaron a comparar su quehacer, con el de otros artistas populares que ellos conocían, concluyendo finalmente que tenían un rol como Trabajadores Culturales, porque sus actividades se orientaban al desarrollo de una identidad propia en la población, y esto les exigía una mayor inserción en la comunidad. De este modo establecieron la diferencia entre su quehacer y el de los artistas populares conocidos en los medios de comunicación, a los que caracterizaron como “artistas estrellas”.

Llamaron “ENGRANAJE” a su grupo de Teatro, porque era un equipo que funcionaba sólo con la participación de todos, tal como su nombre lo decía.

Gracias a esta inserción más profunda, en el año 1979 los talleres fueron descubriendo las contradicciones que vivían las familias de la población. Observaron los efectos del modelo cultural dominante al introducir necesidades que estaban fuera de su alcance: como el televisor a color, los equipos modulares, los jeans Lee o camisas Wrangler, que debían comprar a crédito y pagando muy caro… Todo esto se facilitaba porque muchos trabajadores paleaban su cesantía como vendedores ambulantes y desarrollaban su actividad comercial principalmente en las poblaciones.

Los efectos de este sistema eran graves, pues los trabajadores (en muchos casos sus propios padres), dejaban de ir a la huelga porque esto les significaba “arriesgar la pega” y perder el artículo comprado. En sus investigaciones los jóvenes también descubrieron que había industrias donde los patrones invitaban a los vendedores a venir a la fábrica, unos meses antes de la negociación colectiva. Así los obreros se endeudaban y los patrones negociaban en mejores condiciones.

Los jóvenes tomaron conciencia de que habían internalizado estos comportamientos y necesidades sin darse cuenta de que se los imponían, en beneficios de intereses contrarios a los suyos. Se despertó en ellos el interés por promover una toma de conciencia masiva, y en 1979 crearon la COORDINADORA CULTURAL JUVENIL en la Zona Oriente. A través de ella querían desarrollar una Acción Cultural más consistente, que generará nuevas prácticas y luchara contra la alienación que el sistema introducía al imponer valores, modelos y comportamientos que les impedían ver la realidad en que vivían.

En el trabajo con los talleres optamos por tomar como punto de partida las expresiones de identidad del grupo (objetivos o formas de organización, trabajo, etc.), para desarrollar conocimientos que, de acuerdo a sus intereses, les permitieran avanzar en la construcción de nuevas “formas de vida”.
Ampliamos la perspectiva del trabajo cultural.

En 1980 nos dimos cuenta de que al centrar el trabajo en el sector juvenil, producíamos una distorsión porque los separábamos del mundo de los adultos. Entonces, decidimos buscar un nivel de inserción más global en la población y, para ello, elaboramos con los jovenes, un diagnóstico que nos permitiera conocer de manera más precisa el sector en que trabajabamos.

La experiencia mostró que entre las organizaciones sociales había una desarticulación total y que esto, además de debilitarlas, les impedía encontrar soluciones que revirtieran la situación. El diagnóstico también mostró que las organizaciones desarrollaban una acción fundamentalmente asistencial que no promovía un cambio de comportamiento, ni generaba un crecimiento entre sus integrantes.

Los jóvenes, asumiendo el rol de trabajadores culturales que se habían dado, pusieron sus medios (teatro y música) al servicio de la articulación y reforzamiento de las organizaciones de la población. Para ello impulsaron una coordinación poblacional y a partir de ella realizaron actividades artísticas de difusión y formación en aspectos de salud, como prevención, campañas de erradicación de la sarna, y muchos otros.

Integramos nuestro trabajo en las nuevas coordinadoras que fueron naciendo

En 1980, las condiciones habían ido cambiando y el movimiento social iba expresando de manera más explícita su ruptura con el régimen, entonces como TAC decidimos coordinarnos con otros grupos que habían ido naciendo. Fue así que en 1980 formamos parte de la Liga de Acción Cultural (LAC) que en 1981 continuó como COORDINADOR CULTURAL DEL CODEPU, anteriormente habíamos tomado parte en la creación de la AGRUPACION DE TRABAJADORES CULTURALES (ATC) y todo ese movimiento convergió en el COORDINADOR CULTURAL NACIONAL que nació en 1982.

La dinámica que había tomado el movimiento popular nos llevó en 1981 a introducir en forma más sistemática el uso de medios audiovisuales (videos), orientados a mostrar la realidad vivida en Chile antes de 1973, o bién en los 80 en otros países latinoamericanos como Nicaragua. Estos materiales nos permitían situar nuestra realidad en un contexto más amplio, que abría nuevas expectativas y dinamizaba la acción de las organizaciones sociales. El carácter de nuestro trabajo se fue ampliando con la activación progresiva del movimiento social en la década del 80, pues se generó una demanda desde sindicatos que necesitaban elaborar cartillas didácticas y boletines y que pedían apoyo para organizar actos culturales en sus huelgas o en fechas significativas como el 1o de Mayo y otros. Estas actividades se hacían desde las Coordinaciones en las que estabamos integrados.

El Taller de Dirigentes: creación de nuevas herramientas de trabajo

Desde 1982 el TAC había venido realizando un Taller de Formación para un grupo de dirigentes de Nuevo Amanecer (ex Nueva La Habana). Las condiciones económicas y la nueva situación de represión que vivían los pobladores producían una rotación constante de los dirigentes en sus organizaciones y cada reemplazante enfrentaba su tarea sin contar con los elementos más básicos de formación.

Apoyamos a un grupo de dirigentes que también habían sido arpilleristas que habían hecho un diagnóstico de los problemas más urgentes de su sector y no podían dedicarse a la organización porque debían trabajar en el POJH para obtener su subsistencia. Les buscamos canales de comercialización para que volvieran a su oficio y así pudieran dedicar más tiempo a las organizaciones sociales.

La formación consistió en analizar con ellas el funcionamiento de sus organizaciones, detectando sus necesidades y buscando en conjunto las respuestas a sus interrogantes y dificultades. Las dirigentes llevaban sus propuestas a la práctica, en sus organizaciónes y luego evaluábamos el resultado.

A poco andar y en base a una “reflexión sobre la práctica”, decimos elaborar la publicación “ARPILLERAS” que recoge la experiencia de las arpilleristas, situándola en el contexto de los diversos talleres que en 1975 crearon esta artesanía. En 1983 ampliamos nuestro Taller con la integración de otras dirigentes de Lo Hermida.

Como el contenido del trabajo era muy rico y la necesidad de contar con herramientas didácticas era cada vez mayor, optamos por elaborar cartillas sobre temas que fueran útiles para las organizaciones como: la participación, el rol de los dirigentes, etc. Al trabajar con ellas, las mujeres evaluarían su utilidad práctica en las organizaciones y detectarían las modificaciones que era necesario hacerles.

El Taller de Lavandería: reecuentro con la historia

Nuestra inserción en el nuevo tipo de Acción Solidaria que nació con el Golpe Militar nos mantenía en contacto con diversas organizaciones sociales zonales, entre ellas estaba el Taller de Lavandería de Lo Hermida, creado en 1975 y con quién el TAC participó desde sus inicios hasta 1978, en que éste adquirió una solidéz y autonomía que le permitieron continuar solo su proceso de autoformación. En 1982, el Taller pidió una nueva capacitación al TAC, y les propusimos hacer una sistematización de su experiencia que culminara con la publicación de su historia como organización popular, con el fin de socializarla.

Consideramos que esta era una forma de capacitación adecuada, porque el proceso vivido por el Taller contenía los elementos fundamentales de la identidad que ellas habían construído, las bases en que sustentaban su organización, los niveles de autoformación alcanzados y todas esas ricas y simpáticas vivencias que posteriormente dieron forma al libro “LAVANDO LA ESPERANZA”.

Esta experiencia consolidó nuestra propuesta metodológica de “aprender-trabajando” o “capacitar-produciendo”, que consiste en un trabajo colectivo que toma como punto de partida los conocimientos de las personas y del grupo, los extrae, y luego los proyecta a través de la generación de un nuevo saber que las personas y la organización internalizan en su vida cotidiana.

Este trabajo tuvo un gran impacto en el Taller de Lavandería, porque le dió una sustentación orgánica que lo legitimó y le abrió espacios para compartir sus experiencias en la población y en otros lugares. El libro fue un instrumento que mostró la capacidad que tiene el pueblo para hacer su historia y crear un referente alternativo.

Al TAC, nos permitió descubrir la significación que tiene la historia en el proceso educativo, en tanto conecta el pasado con el presente que viven sus protagonistas. Al hacer la historia las integrantes del Taller tomaron conciencia del rol jugado por el movimiento popular y se interesaron por conocer los origenes históricos: del movimiento de pobladores, de la organización de la salud y del nacimiento de la misma población Lo Hermida.

Junto a las integrantes del Taller y a algunos dirigentes que participaron en la “toma” recuperamos la historia de este acontecimiento y editamos un cuadernillo “La Toma de Lo Hermida” que ellos mismos repartieron en toda la población, como homenaje al “15o ANIVERSARIO” que celebraron ese 15 de Agosto de 1985.

La ubicación del presente en su contexto histórico permitió que dieramos una dimensión más esperanzadora a la difícil situación que vivíamos en Chile en 1985 y con ello estimulamos a las integrantes del Taller de Lavandería para que jugaran un rol más activo en la transformación de su comunidad que se habían propuesto.

La investigación: rescate de una herramienta operativa

En 1985 el Taller de Lavandería nos pidió una nueva etapa de capacitación y esta vez les propusimos hacerla de manera que al mismo tiempo, esta sirviera como aporte para el resto de las organizaciones del sector, ya que para poder transformar la realidad de su población, ellas necesitaban conocerla de manera más precisa.

Por su heterogeneidad y experiencia, las integrantes del Taller de Lavandería estaban capacitadas para asumir un trabajo de investigación. Además, conocían la realidad del sector y los códigos del lenguage local, lo que era muy favorable para recoger la información y también para interpretarla. La articulación de todos estos conocimientos constituían la base para generar un nuevo SABER, construído a partir de un trabajo colectivo.

La experiencia realizada con el Taller de Lavandería nos permitió rescatar la INVESTIGACION como herramienta operativa en el trabajo con los sectores populares. El tema que investigamos fue “Los efectos producidos por la dominación cultural en la vida cotidiana de la población”.

El trabajo realizado creó un espacio para que las integrantes del Taller de Lavandería desarrollaran sus capacidades potenciales y profundizaran el proceso de autoeducación que estaban viviendo. En Enero de 1986 el libro “ASI APRENDEMOS” entregó el relato de esta investigación. Como era habitual, se hizo un acto de lanzamiento en el Capilla del Espíritu Santo (Lo Hermida), donde participaron los pobladores y los dirigentes de las organizaciones de la Zona.

Al cabo de un tiempo, la reflexión desarrollada en el Taller nos mostró que el concepto de organización que se manejaba habitualmente era muy limitado, en relación al dinámismo y proyecciones que esta tiene en los sectores populares. Además, percibimos el miedo que sentían las integrantes del Taller para aceptar su condición de dirigentes, aún cuando reconocieran que asumían ese rol en su vida cotidiana.

Esta situación nos motivó para elaborar una publicación que contara la historia vivida por cada una de las cinco integrantes del Taller, mostrando por una parte, los efectos que había tenido en ellas la organización y por otra, el proceso que las había llevado a ser reconocidas como dirigentes. El trabajo fue muy enriquecedor para todos los que participabamos en él, porque compartimos el desafío que vivieron las protagonistas al enfrentarse, por primera vez, con su propia historia y transformarla en un instrumento formativo.

En este caso los testimonios fueron el “medio” utilizado para entregar de un modo más integral, los conocimientos sobre la organización, el rol de los dirigentes, el movimiento popular… La sistematización de las experiencias nos permitió descubrir algunas situaciones vividas por los sectores populares, que se reproducían en distintos puntos del país. Además, hicimos una reflexión comparativa entre la vida de antes y después del golpe, lo que clarificó nuestro punto de vista respecto a la organización y al rol que les cabía en ese momento a los dirigentes. Por eso incorporamos en el trabajo, la historia colectiva vivida por algunas organizaciones sociales de la zona Oriente despues del golpe.

Finalmente también introdujimos algunos elementos teóricos complementarios, como parte de nuestra voluntad de articular las formas de conocimiento concretas e integrales que nacen de la experiencia, con aquellas que son abstractas y que tienen un orígen teórico, señalando el valor y dimensión específica que ambas le dan al tema. Este proceso educativo dió origen al libro “LA ORGANIZACION: fue como nacer de nuevo” publicada en Septiembre de 1986.

Ese mismo año, el Taller de Dirigentes inició una nueva etapa orientada a socializar lo que habíamos aprendido. Organizamos una Escuela de Verano invitando a distintos dirigentes de la población y en él se abordaron tres grandes temas: Historia del Movimiento Popular; análisis del Conflicto Social a partir de la Realidad de la Población y ubicación de las Organizaciones Sociales en relación al Movimiento popular y al Estado.

Abrimos nuestro equipo incorporando a las dirigentes que se habían venido formando en el TAC.

En 1987 nos pidieron asumir un programa de capacitación para la Coordinadora de Ollas Comunes de la Sur de Santiago y debido a que las integrantes del Taller de Dirigentes estaban en condiciones de dar capacitación y que, además habían vivido la experiencia en las ollas comúnes de su población, formamos un equipo de trabajo que se hizo cargo del Programa a realizar con las Ollas Comunes.

La construcción de este equipo planteó un desafío que hemos vivido en una búsqueda constante. Para las compañeras que formaban el Taller de Dirigentes no fue fácil asumir el rol de educadoras, ni tampoco integrar un equipo en igualdad de condiciones con quienes hasta ese momento les habían entregado capacitación. Esta situación nos exigió a todos un profundo cambio de actitudes, porque había que hacer un camino nuevo.

Los aportes específicos de las compañeras tanto en lo que se refiere a su capacidad de relación con las organizaciones como en su interpretación de la realidad, nos han orientado constantemente en la creación de un método que abra espacios para el trabajo conjunto. La formación de este equipo, ha exigido y exige una búsqueda contínua para integrar diversos tipos de conocimientos, aportes, concepciones, ópticas e interpretaciones de la realidad, que den como resultado una elaboración de instrumentos, que contribuyan más efizcamente al avance del movimiento popular.

El trabajo con las integrantes de Ollas Comunes nos permitió avanzar junto a ellas, en la tarea de transformar la realidad poblacional; porque la Olla además de ser la organización social más exigente y númerosa, permite acceder a sectores poblacionales que habitualmente no se organizan.

El período que vivímos en 1990, nos permitió asumir el trabajo de capacitación en Ollas Comunes, proyectándolo hacia la formación de Talleres Productivos que son creados autónomamente por las pobladoras y se constituyen en una nueva forma de enfrentar sus problemas y necesidades.
Alfabetización: el pueblo educa al pueblo.

En 1984, el trabajo de capacitación nos llevó a enfrentar un nuevo tipo de problema: la dificultad para poder leer y escribir que tienen muchos dirigentes e integrantes de organizaciones. Desde ellas surgieron demandas que fueron recogidas por el TAC, y en agosto de ese año creamos el Primer Taller de Alfabetizacion. Inicialmente el trabajo fue muy difícil por las condiciones de vida de los pobladores y por la falta de materiales de apoyo y de otras experiencias similares con las cuales coordinarse e intercambiar experiencias.

En la primera etapa creamos talleres que experimentaron una gran deserción. Al mismo tiempo, nos encontramos con que en todas partes existía un profundo desconocimiento del carácter social que tenía el problema del analfabetismo. Después de un largo trabajo de reuniones con dirigentes y organizaciones, con la entrega pública de diplomas y con los resultados concretos alcanzados por la participación social de las personas alfabetizadas, logramos, de parte de la población, un primer reconocimiento de la tarea alfabetizadora.

En el año 1986, nos planteamos la necesidad de crear nuevos talleres, elaborar materiales y realizar campañas masivas de motivación. Acordamos que la sistematización de la experiencia nos permitiría construir materiales que serían utilizados como una herramienta facilitadora del trabajo. Fué así como el primer taller realizado inició su etapa de post-alfabetización, trabajando en la elaboración del libro de lectura y escritura “APRENDIENDO JUNTOS: leamos y escribamos nuesta realidad”.

El primer paso fue investigar los temas más significativos y estos, dieron el contenido a las palabras generadoras, que son los ejes del aprendizaje. Luego se crearon ejercicios facilitadores y finalmente se escribieron pequeños cuentos que recogían los testimonios de vida de las propias autoras.

En diciembre de 1986 en Lo Hermida, se realizó el acto de lanzamiento del libro y la entrega de diplomas a los nuevos alfabetizandos, todo ello en medio de una fuerte represión y justo después de la implantación del Estado de Sitio. A partir de este momento, nos planteamos la formación de un núcleo de monitores que se proyectara como un centro de alfabetización permanente en el sector.

El Equipo de Monitores nació en el verano de 1987 y desde entonces alfabetizaron, año a año, en los cuatro sectores de Lo Hermida. Más tarde extendieron la tarea a lugares como La Pintana, el Hogar de Cristo, Los Andes, Conchalí…

La dificultad más seria con que nos encontramos reiteradamente, es la de motivar a las personas que se deciden a aprender. Buscando enfrentarla, el Equipo investigó con las personas ya alfabetizadas, las motivaciones que los llevaron a aprender y los cambios que trajo a sus vidas el poder leer y escribir.
Resultado de este trabajo es el diaporama de motivación al analfabeto: “EDUCANDONOS PODEMOS CAMINAR JUNTOS” del que hasta 1990 se realizaron cerca de cien presentaciones en poblaciones de Santiago y Provincias.

Paralelamente en octubre de 1987, el Equipo de Monitores convocó al Primer Concurso de Cuentos y Testimonios. Su objetivo fue estimular la expresión escrita, crear un espacio donde se pudiera dar a conocer las capacidades creativas de los pobladores e incentivar a las personas alfabetizadas en los Talleres. Fruto de esta experiencia fue la edición del libro “LO HERMIDA, SOMBRAS DE AMANECIDA”.

Ese mismo año vimos que era necesario crear un material de apoyo para el monitor. A partir de la experiencia y de su integración con la teoría elaboramos el libro “ALFABETIZAR: descubrir, crear, participar” publicado en 1989. A pesar de la magnitud del problema del analfabetismo, en nuestro camino hemos encontrado muy pocas experiencias de alfabetización. Esto y los logros mostrados en nuestro programa contribuyeron a que nos constituyeramos en un referente para otros educadores populares interesados en el problema del analfabetismo.

Desarrollando esa misma línea realizamos Seminarios de Alfabetización para Educadores Populares, con una duración de seis meses, al cabo de los cuales los participantes recibieron un diploma como Monitores de Alfabetización. La experiencia de alfabetización nos incentivó para convocar a un foro moderado por UNESCO, en el que participaron otras O.N.G.’S. como: CIDE, PIDE, IMPROA… Por ser una experiencia muy esclarecedora la publicamos en el libro ” CUAL ES LA SITUACION REAL DEL ANALFABETISMO EN CHILE?”.

Posteriormente, el programa de alfabetización asesoró también a otros grupos y se extendió hacia áreas urbano-rurales y provincias. Además continuamos con la creación y mantención de talleres y la elaboración y revisión de materiales. El trabajo de capacitación iniciado en 1978 se fue enriqueciendo, por una parte, en el intercambio con las organizaciones, con los dirigentes y con los alfabetizandos y, por otra, en la búsqueda y contrucción de herramientas operativas que contribuyeran al desarrollo del movimiento popular. Sin embargo, a medida que avanzábamos y profundizábamos en el trabajo con las organizaciones, fuimos descubriendo algunas debilidades con respecto a la consolidación de la identidad cultural que queríamos apoyar.

La tarea de rescate cultural

El impacto cultural que produjo la dictadura en su intento de destruir la identidad nacional fue muy grande. Especialmente en los sectores poblacionales atomizados por el miedo, la cesantía y por la imposición de modelos de comportamiento, lenguaje, valores a través de los medios de comunicación, la escuela y la estructura económica, política y social. Todo esto configuró una realidad que hacía difícil distinguir entre lo que eran expresiones propias y lo que eran actitudes de supervivencia de los sectores populares.

La conciencia de esta dificultad nos planteó la necesidad de acudir a otras comunidades que conservaran mejor su identidad y sus tradiciones históricas, y que al mismo tiempo estuvieran más cohesionadas y menos afectadas por el sistema.

Por esta razón miramos hacia el sector campesino y llegamos a Quinchamalí, pueblito que aún conserva una de las artesanías tradicionales más antiguas, y que está ubicado en el centro de una de las regiones, culturalmente más ricas por la presencia de sus cantoras, poetas, escritores, su gran diversidad de creaciones artesanales y por la vigencia de sus tradiciones.

Partimos allá, considerando que el arte es una expresión que interpreta fiel y profundamente el ser de una comunidad y que la tradición es un elemento que vincula el pasado con el presente y el futuro y con ello da continuidad a la propia cultura.

Conversando con dirigentes locales, tratamos de descubrir las necesidades más urgentes que se veían en el pueblo. Intentamos hacer coincidir nuestra necesidad de aprender con la que tuvieran ellos, a fin de hacer un trabajo que les entregara nuestro aporte. Motivamos a las dirigentes para que hicieran un breve diagnóstico local y a partir de sus resultados, acordamos trabajar con jóvenes, porque la falta de colegios y de trabajo hacían que este fuera el sector más abandonado.

Uno de los mayores problemas de la comunidad era la desvalorización y el desconocimiento que tenían los jóvenes de su situación y su cultura, lo que se traducía en una emigración constante hacia la ciudad.

Como TAC propusimos realizar una investigación y ellos definieron su contenido. Silvia, una de las dirigentes que es artesana y poeta, propuso que la investigación se centrara en la recopilación de la historia de Quinchamalí como pueblo, la recomposición de sus vivencias, el proceso de creación de las gredas, y finalmente, la realidad actual para establecer una comparación entre lo que pasaba a mediados de siglo y el presente.

Nuestro objetivo coincidió con el de los jóvenes, pues ambos queríamos conocer la historia de los habitantes del lugar para difundirla y lograr que las generaciones adultas la valoraran, los jóvenes la conocieran y a través de este proceso, rescataramos la memoria colectiva del pueblo, que se iba perdiendo con cada anciano que moría. El trabajo exigió, desde el principio, que los habitantes asumieran un rol protagónico: los ancianos como poseedores de esa historia en la que habían sido protagonistas; los jóvenes, porque serían los encargados de investigar, recoger y ordenar la información.

Nuestra participación tenía características atrayentes, porque al no conocer la realidad y al estar presente sólo en algunos momentos del trabajo, se clarificaban los roles que debían asumir tanto los habitantes del pueblo como el TAC. La investigación dejaba un espacio abierto para la participación autónoma y creativa de los jóvenes y al TAC se le delimitaba con precisión su función de apoyo metodológico.

En el grupo se crearon condiciones de intercambio y amistad que contribuyeron a hacer un trabajo creativo y serio que culminó su primera etapa, al constituir el “GRUPO CULTURAL GREDA Y ESPERANZA”.

La experiencia fue sistematizada por los jóvenes y luego se socializó a través del libro “QUINCHAMALI: un pueblo donde la tierra habla”, que fue lanzado el 10 de enero de 1987 en medio de una fiesta campesina que contó con la participación entusiasta de los habitantes del pueblo.

El impacto local fue grande y generó un debate que los jóvenes canalizaron hacia un foro, el que a su vez dio origen a la Convocatoria al Primer Concurso de Cuentos y Leyendas Campesinas realizado ese mismo año y cuyos resultados fueron publicados como “CUENTOS Y LEYENDAS CAMPESINAS” el año 1988. A partir de ese momento se convocó al Segundo Concurso de Cuentos, Leyendas y Adivinanzas Campesinas, luego al Tercer Concurso de Cuentos, Leyendas y Refranes en 1989 y en 1990 al Cuarto Concurso de Cuentos, Leyendas y Payas Campesinas. Estos abrieron un espacio para que los habitantes de los pueblos vecinos participaran en forma escrita u oral y así se incorporaran al rescate de esta tradición.

En 1987 el trabajo de los jóvenes despertó el interés de un grupo de artesanas que quisieron asegurar “50 AÑOS DE ARTESANIA PARA QUINCHAMALI”. Con nuestro apoyo formaron una pequeña “Escuela de Recuperación de la Artesanía” y en ella las más reconocidas y prestigiadas artesanas del pueblo enseñaron su arte a cuatro grupos de seis artesanas jóvenes que quisieran aprender a modelar.

El éxito alcanzado motivó al grupo y en 1988 formaron la “COOPERATIVA ESCUELA QUINCHAMALI” donde siguieron formándose, produciendo y comercializando colectivamente su artesanía. El Taller logró producir piezas de un alto nivel de creatividad y calidad, lo que atribuimos a la motivación producida por el trabajo colectivo, que rescata al menos en parte, a la comunidad tradicional.

En esta experiencia aprendimos que el rescate cultural no podía consistir sólo en develar el pasado sino que era necesario, al mismo tiempo, rescatar el valor y funcionalidad que había tenido esa expresión, en este caso la cerámica, para que esta recuperara su vigencia y se proyectara a futuro.

Por eso nuestro apoyo a las artesanas abarcó diversos aspectos. Primero se abocó a construir un sistema que partiera de su propia forma de organizar la contabilidad y la administración. Queríamos reforzar los elementos de identidad que detectábamos en las diversas expresiones de las personas.

Desde el punto de vista de la organización, introdujimos las reuniones y asambleas como ejes de un funcionamiento democrático donde se comparte la información, los problemas y se toman las decisiones colectivamente.

En enero de 1989 las artesanas se instalaron con un local propio que llamaron “TALLER SOL NACIENTE” y en 1990 se constituyeron como Asociación Gremial de Artesanas.

La calidad de sus creaciones hizo que fueran seleccionadas para participar en Exposiciones Artesanales Latinoamericanas como la del Parque Bustamante y la Feria de Córdoba y en Exposiciones locales. También fueron invitadas a integrarse al “ALMACEN CAMPESINO” que reúne a artesanos que elaboran artesanías tradicionales y provienen de distintos puntos del país.

Posteriormente iniciamos un trabajo orientado a profundizar en la dimensión cultural de esta artesanía y para ello realizamos un intercambio entre las artesanas del pueblo, don Carlos González (profesor del Depto. de Estética de la U.C.) y el TAC. Esta actividad se realizó a través de encuentros mensuales, en que las integrantes del Taller invitaron al resto de las artesanas del pueblo y alrededor de un bracero amenizado por un vasito de mistela y roscas, intercambiaron sus conocimientos acerca de la cerámica, de su historia y las costumbres de la Comunidad.

Las artesanas presentaron piezas antiguas y nuevas, contando sus antecedentes, explicando su funcionalidad y usos, el Profesor González y el TAC complementaron el SABER de las artesanas por medio de sus aportes y de la presentación de diapositivas que dieron a conocer otras experiencias artesanales que ocupan un lugar en nuestra tradición histórica y que se elaboran a lo largo del país.
Esta actividad conjunta se propuso canalizar el debate hacia la elaboración de una propuesta metodológica que entregue instrumentos operativos para los que trabajan por el desarrollo de la artesanía y en consecuencia por la consolidación de una identidad cultural.

El trabajo desarrollado en Quinchamalí despertó también el interés en otros pueblos cercanos y el TAC fue invitado a participar en un encuentro y debate con cantoras populares con motivo del “5o ENCUENTR0 DE LA RAIZ FOLKLORICA en Portezuelo.

El conocimiento de las cantoras populares, que han cumplido un rol tan determinante en la cultura de nuestro país, nos llevó a proponer al Equipo de Pastoral Campesina de San Nicolás, la realización de un trabajo que rescatara y difundiera su experiencia, para socializar esta memoria oral que contiene valores y conocimientos relevantes sobre la vida de las Comunidades Campesinas.
El grupo de cantoras fué descubriendo y compartiendo autónomanente su realidad, detectando sus necesidades y las vías posibles de solución. A partir del material recogido, el TAC ayudó a construir métodos de trabajo que desarrollaron la autonomía del grupo en lo que se refiere al contenido de las búsquedas y a la manera de hacerlas avanzar. La sistematización de esta experiencia fue publicada en el libro “LA CANTORA POPULAR, fuente de nueva vida” cuyo lanzamiento se realizo durante el “6o ENCUENTRO DE LA RAIZ FOLKLORICA” de Portezuelo.

Los Derechos Humanos una dimensión de nuestra cultura

El trabajo mismo lleva a establecer relaciones con los grupos que surgen en pueblos vecinos. Ese fue el caso de dos grupos de Derechos Humanos nacidos despues del plebiscito (1988) en Portezuelo y San Nicolás.

De acuerdo con la coyuntura de transición que vivía el país, el TAC vio la necesidad de orientar el trabajo de los jóvenes en Derechos Humanos, en una perspectiva más amplia que integrara las necesidades básicas del hombre: trabajo, vivienda, alimentación, salud, etc. Al hacer esta proposición, pensamos en que los 16 años de dictadura borraron la conciencia que el pueblo tenía sobre sus Derechos, y en la nueva etapa era necesario que este orientara sus reivindicaciones exigiendo respetar los Derechos que le fueron arrebatados.

Este trabajo nos sugirió la idea de realizar una actividad coordinada entre los Grupos de Derechos Humanos de Portezuelo y San Nicolás en la octava región y el Taller de Lavandería de Lo Hermida en la región metropolitana, lo que fue muy bien acogido por todos. Al hacerlo consideramos que el proceso de autoformación se enriquecería significativamente con el intercambio generado entre organizaciones urbanas y rurales.

Planificamos un trabajo en tres etapas abocados a: extraer las imagenes que tenían los participantes acerca de los Derechos Humanos, revisar las propuestas teóricas acerca del tema y los Pactos Internacionales que han sido acordados y luego a investigar en la realidad misma.

Los grupos recogieron en el terreno la información acerca de la vigencia práctica de éstos Derechos, a fin de establecer una comparación entre los acuerdos tomados y la forma en que estos se asumen.
La primera etapa terminó con un primer encuentro en que los jóvenes de San Nicolás y Portezuelo fueron recibidos por las familias de los integrantes del Taller de Lo Hermida de Santiago. Durante tres días, hubo convivencias, visitamos el Museo de Historia Natural, tuvimos una jornada de dos días de trabajo y fuimos al teatro a ver “La Negra Ester”.

Como resultado los grupos rompieron los prejuicios mutuos y lograron conocer más profundamente las realidades del campo y la ciudad. Respecto a la investigación, cada grupo delimitó su campo y en conjunto planificaron la nueva etapa que iniciarían. Es decir investigarían en el terreno, las condiciones “de trabajo” y la “salud” en Portezuelo y San Nicolás y la vivienda, salud y educación en Lo Hermida.
Al terminar el trabajo, las quince pobladoras de Lo Hermida fueron al campo, cerca de Portezuelo para conocer y compartier la realidad con las familias campesinas del sector. Al mismo tiempo intercambiaron la información recogida y planificaron el resto de las actividades. Durante la tercera etapa se procesó la información recogida, se diseñó el video y la cartilla sobre Derechos Humanos que servirían para el trabajo de las organizaciones sobre el tema.

La década del ‘90 el trabajo fue adquiriendo otras caracteristicas.

El período se inició con la internalización del lema “la alegría ya viene”. En un primer momento todos tratamos de abrir el espacio a la democracia, a una nueva forma de vida donde hubiera participación, donde se recogiera la experiencia adquirida durante los años de dictadura… La realidad nos fue mostrando que las cosas no eran así y lentamente se fue produciendo una desmoralización profunda en los diversos sectores sociales.

Las condiciones de trabajo se hicieron mucho más duras, pues el financiamiento externo se redujo en forma drástica y en vista de ello muchas ONGs cerraron o bien redujeron al máximo sus programas. En el TAC estábamos acostumbrados a trabajar con una infraestructura mínima, entonces no teníamos la posibilidad de rebajar significativamente nuestros presupuestos, por eso lentamente fuimos reduciendo los programas que no encontraron financiamiento.

El programa de Capacitación desarrollaba su trabajo con las Ollas Comunes de la Zona Sur pero el gobierno terminó con el apoyo que les daba, entonces las mujeres que ya habían vivido un proceso de formación organizativo, nos pidieron capacitación para transformar sus organizaciones en Talleres Productivos.

Como el objetivo de que ellas continuaran reforzando su identidad es un imperativo del TAC, impulsamos una profunda reflexión y debate sobre lo que podíamos hacer juntas. Las mujeres optaron por formar Talleres y no microempresas, pues querían tener un espacio de producción que guardara el sistema de aprendizaje y producción comunitaria, donde los que saben más enseñan a los que saben menos y donde todas tienen las mismas oportunidades de trabajo…

Estos Talleres se propusieron como meta lograr el desarrollo integral de las mujeres y la realización de un trabajo hacia la comunidad. Fue así como se formaron 3 Talleres de Tejidos, Arpillería y Pintura en géneros que reunían a más de 50 mujeres que vivían, la mayor parte de ellas, en el sector El Castillo de La Pintana.

Durante éstos años las mujeres aprendieron un oficio, lograron realizar productos de alta calidad y alcanzaron un nivel de ventas aceptable para las circunstancias. Participaron en diferentes Ferias y continuaron buscando diferentes formas para comercializar sus productos.

Simultáneamente los Talleres organizaron actos culturales, peñas, etc. En el año 92, debido a la situación de depresión que se vivía en la población propusimos que las mujeres hicieran una investigación (diagnóstico) de su realidad, para ver cómo podíamos ayudar a revertir esta situación. Para ello elaboramos juntas un cuestionario, distribuimos los sectores y ellas mismas realizaron las encuestas. Una vez que tuvimos la información procesada y definimos los problemas más urgentes, convocamos a una gran Asamblea en que participaron todos los actores sociales del Castillo: unidades vecinales, organizaciones sociales, comerciantes, micreros, bomberos, instituciones, estudiantes de Agronomía de la Universidad de Chile…

Asistieron más de 80 personas y se dió un debate muy interesante y fructífero que concluyó en la realización de 2 trabajos. Primero se creó una coordinación con los bomberos pues el problema más grave que se detectó fueron los incendios. Entonces nuestro objetivo fue motivar a los jovenes para formar las “brigadas contra incendio” a través de una capacitación que los mismos bomberos entregarían y a su vez, las mujeres llevaron adelante una campaña para reunir fondos con los que al cabo de un tiempo, se le hizo entrega de botas a todos los bomberos del cuartel.

En segundo lugar se realizó un programa de trabajo con un grupo de estudiantes de agronomía de La Platina. Ellos asesoraron a los pobladores de la 17ava Junta de Vecinos, les consiguieron 120 árboles en el vivero de la U.CH. y en conjunto diseñaron e hicieron la plantación de una plaza del sector.

En 1993, presentamos un proyecto al Fosis “Nosotras tambien podemos producir “, pero no logramos su aprobación. Ese mismo año, obtuvimos una mención de Unesco por el trabajo “Mujeres y educacion en sectores populares” con el que concursamos.

En 1995, la falta de recursos nos llevó a reducir a una persona el equipo de cuatro que estaba a cargo del programa. Ese mismo año las mujeres de todos los Talleres se organizaron en una Asociación Gremial y obtuvieron su Personalidad Jurídica en el Ministerio de Economía.

Ese año también nos presentamos al Fondart con el proyecto “Un boletín para El Castillo” pero nuevamente fuimos rechazados.

Después, se siguieron creando nuevos Talleres y se introdujeron nuevas técnicas. A partir de 1997 abrimos la Escuela de Formación Integral para que nuevos grupos tuvieran la oportunidad de aprender un oficio. Las monitoras fueron las socias que se destacaron por su capacidad creativa y por la calidad de su trabajo.

El conocimiento de la Identidad: un objetivo permanente en el quehacer del TAC

En el año 1991 una parte del equipo del TAC decidió dedicar un tiempo al estudio de la Identidad. Para ello formamos un equipo con estudiantes de las universidades ARCIS y de Chile. En la primera etapa nos dedicamos a conocer lo que habían escrito sobre el concepto en los antropologos, los cientistas sociales, sicólogos, historiadores, en la literatura, etc. Luego buscamos las expresiones de Identidad que aparecían en las experiencias sistematizadas por el TAC durante sus 12 años de existencia, centrándonos en los elementos que, a nuestro parecer, permiten construir y los que debilitan la Identidad. Con los resultados de nuestra búsqueda, elaboramos, a modo de borrador, un documento que llamamos “Proposiciones para una reflexión sobre la Identidad Cultural”. Nuestra idea fue continuar profundizando el tema en un nuevo documento, pero el exceso de trabajo nos ha impedido darle el tiempo de dedicación que esto requiere.

Una búsqueda que continúa…

En el programa de rescate cultural esta vez canalizamos la búsqueda hacia la recuperación de comidas tradicionales en el sector de Cobquecura y Buchupureo. Apoyamos a dos grupos de mujeres que se organizaron, la Parroquia facilitó dos locales que fueron habilitados por la misma comunidad y en el mes de Enero de 1998 se inauguraron “El sol de la Plaza” y “el Rinconcito”, dos pequeños restaurantes que venden comidas y bebidas típicas del lugar. Fue una muy buena experiencia no sólo por el público que los visita sino porque, especialmente en Buchupureo, el local se ha constituído en un lugar de encuentro para los lugareños y sus instituciones.

Talleres de cocineria en la Poblacion La Legua

Durante el año 1999 a instancias del Parroco de La Poblacion La Legua Mariano Puga, nos planteamos implementar talleres productivos solidarios en esta población castigada por la pobreza, el hacinamiento y la droga, apostamos a la fuerza y creatividadad de su comunidad organizada, especialmente a las mujeres.

Apoyamos y acompañamos la creacion de dos talleres de Cocina casera. Estos talleres han logrando progresivamente un nivel mayor de producción, mejorando integralmente su quehacer. Además han ido incorporando las estrategias de eficiencia administrativa, productiva y de comercialización, que su propia experiencia les ha señalado y que hemos reconocido y sistematizado en reuniones y talleres, incorporando a ese conocimiento práctico los elementos teóricos que les permiten proyectar su gestión económica.

El taller de Cocinería de Legua Vieja, que ellas han denominado “Cacerisimo” (término acuñado en las ferias y negocios populares que se refiere al cliente permanente y querido, al buen cliente), y el Taller de Cocinería Grupo de Mujeres Alihuen de Legua de Emergencia, han ido ganando nuevos clientes, entre los que se encuentran: trabajadores, ejecutivos, funcionarios y profesionales que laboran en empresas y servicios. Entre otras podemos nombrar: Policlinico Arturo Baeza G., Industria de muebles de cocina “Piamonte”, Industria textil “Daylan”, Transportes Espinosa, Mueblería de calle María Auxiliadora, Estación de servicio “Shell”, pequeños talleres de mueblería, mecánica y vidrierías, además de pequeños comercios como almacenes, carnicerías y ferias libres.

Además han mejorado la dieta alimenticia de los trabajadores y obreros de la pequeña y mediana industria, y los servicios del sector, que adquieren estas colaciones a cambio de un precio justo, bien preparada, nutritiva y balanceada.

El equipo del TAC ha confirmado durante este proceso de acompañamiento, su viabilidad social y económica y sus grandes proyecciones futuras.

Estos dos grupos de mujeres han dado un salto en relación a su desarrollo personal y colectivo, mejorando concretamente su autoestima, la valoración al interior de sus respectivas familias, así como de su comunidad de la población la Legua, la que ha valorado positivamente esta experiencia de los talleres de Cocinería.

Nosotros como equipo TAC seguimos acompañando este proceso, lo que corresponde a nuestra política institucional de continuar con nuestro aporte a las organizaciones que apoyamos. Ofreciendo nuestros servicios hasta que se cumplen los objetivos propuestos y que la realidad nos confirman como posibles, todo esto bajo el principio de respeto de la autonomía de las organizaciones.

El ahora denominado Taller de cocina Cacerisimo gracias a su impacto local en su comunidad y su difusión primero por la Revista Pastoral Popular, el programa Contacto y matinal del Canal 13 de TV. se ha convertido en un modelo de referencia para otros grupos y organizaciones, a nivel regional y nacional, ya que su experiencia aporta a la réplica de otras formas comunitarias de autogestión.

Por esto mismo han sido invitadas durante el mes de Agosto a compartir su experiencia al “Tercer Encuentro Nacional de Experiencias de Liberación”, organizado por el Centro Ecuménico Diego de Medellín de nuestro país.

Teatro: recuperando el arte como herramienta creadora.
El año 1996, en el Campamento Esperanza Andina de Peñalolén, retomamos el teatro comunitario como vehículo de expresión de la experiencia de lucha, organización, crecimiento personal y colectivo de los pobladores. Juntos creamos el Taller de Teatro de la Casa Popular de la Mujer de Peñalolén.

Entre todos buscamos:
-registro de su historia fortalecer su organización a través del reciente
-profundizar el proceso de Identidad personal
desarrollar, a través del arte, un proceso de aprendizaje individual y colectivo desde su lucha y organización
-aportar al crecimiento personal de cada una de las integrantes del taller.

Para el cuarto aniversario del Campamento, ese mismo año, presentamos la obra de creación colectiva “Una toma, una esperanza”. Fue una jornada importante y significativa para el Taller, así como para los pobladores que asistieron masivamente para ver, escuchar y sentir su propia historia, en una obra de teatro que produjo emoción, alegrías y recuerdos, “…volvimos a vivir cada momento…” comentaron.

Esta obra también se presentó en la Feria de la Diversidad de la Estación Mapocho y en la población El Castillo de La Pintana, lográndose una conexión con el público que daba cuenta de la identidad común de pobladores y pobladoras. “El Teatro es una forma de decir lo nuestro, una forma de aprender, no con discursos sino que mostrando el saber”…

Durante el año 1997 nos propusimos contar la historia desde cada integrante del Taller y para ello realizamos la obra “Sueños de Mujer”, en donde ellas mismas nos hablaron de sus historias de vida, de su cotidianeidad, de su organización, de sus sueños. Esta obra fue estrenada en el Campamento, muchos pobladores y pobladoras se emocionaron hasta las lágrimas al sentirse identificados y también cuestionados.


Por iniciativa del mismo Taller, preparamos una obra dirigida a los niños en pos de un proceso de formación de identidad, pues la comunidad ve en ellos la continuidad de la organización comunitaria que han creado.

Simultáneamente trabajamos con un grupo jóvenes del campamento Esperanza Andina, que además de su capacitación en teatro comunirario, fueron capaces de integrar la capacidad de percibir, valorar y proyectar en una obra de creación colectiva la riqueza del proceso de lucha que dio origen a su campamento Esperanza Andina, a la vision que como jóvenes tienen del proceso de toma de terrenos y consolidacion del campamente que han vivido en el transcuso de ser niños a jovenes junto a sus padres.

Un desafio importante fue para nuestro equipo, el Taller de teatro de la casa popular de la Mujer y Antu producciones, llevar al lenguaje audiovisual la obra “Sueños de Mujer”. Obra que ganó el Primer premio de Video comunitario en VISOL 2001, que en opinión del jurado es una: “Cuidadosa puesta en escena…, es un aporte a la reflexión sobre el tema e identidad de la mujer pobladora, es motivadora…, mantiene la atención…, actuación realista, muy buen trabajo de guión”.

En esta misma línea de trabajo, nos proponemos producir tres Videos Film. Capacitando a un grupo de jóvenes en vídeo comunitario. Producto de este proceso es el primer video-film que se encuentran realizando cuyo titulo es ” El Servidor Publico”. Este video, muestra las “dos caras de la moneda” del servicio público: por un lado el político, que ofrece soluciones y no cumple y que se acuerda de la gente sólo en época de elecciones. Y por el otro, el organizador social que de manera anónima y muchas veces sin remuneración, trabaja por el progreso de su comunidad y el cambio social.
Como organizadores sociales, se eligieron cuatro personajes: Poblador que hace deporte con niños para prevenir la drogadicción y delincuencia. Joven músico que hace taller de guitarra en su barrio aún teniendo serios problemas económicos. Pobladora que organiza a sus vecinos para distintas causas. “Tía” de jardín infantil comunitario que participa en taller de teatro.

El segundo video-film es una obra de creación colectiva creada por el Teatro de la Casa popular de la Mujer de Peñalolen, llamada “Pasaje Nueva Vida”, que trata sobre la cesantía, sus secuelas y como la comunidad especialmente las mujeres la enfrentan. Es la vida cotidiana de dos familias de este pasaje y sus vecinos que enfrentadas a la pérdida de la fuente laboral sufren sus consecuencias e intentan luchar ante esta situación de manera digna.

Recolectores de Frutos Silvestres

La experiencia de trabajo desarrollada por el TAC en diversos sectores de la Octava Región, motivó a una agencia extrangera a ofrecernos la posibilidad de realizar un proyecto en esa misma, el año 1988. Fue así como comenzamos a investigar la situación de los Recolectores a quienes habíamos conocido superficialmente durante los quince años de permanencia en la provincia de Chillán.

Como resultado obtuvimos una información muy interesante tanto, en relación a la actividad misma como al contexto que la rodea. Panchita Rodriguez nos contó que “La recolección la ha hecho históricamente el campesino y el indígena, es ancestral, dice. Siempre las mujeres y los hombres del campo hemos sacado de la naturaleza lo que requeríamos para subsistir, para mejorar nuestra dieta alimentaria, para dar forraje a nuestros animales, para construir la casa, para utilizarla en artesanía… Esa es la recolección de frutos que identifica a la gente por lo que hace, de lo que vive e incluso identifica las localidades y se expresa en fiestas locales”.

“Es un cuento antiguo, explica la Nenita , así “se paraba el hambre” en aquellos tiempos. No había nada para comer pero se recolectaban frutos silvestres, era una tarea dura pero había que hacerlo”.

Respecto a la situación de los recolectores conocimos el documento “La Actividad de Recolección de Frutos Silvestres en la Región del Bío Bío” y las cifras que este entrega nos estimularon para realizar un diagnóstico cualitativo que permitiera comprender mejor quiénes son estos Recolectores, dónde viven, cuáles son sus historias, sus condiciones de vida, cómo realizan su trabajo, dónde lo venden…
Después de reunir la información vimos la urgencia de realizar un trabajo sistemático con ellos y seleccionamos algunos grupos con el objeto de apoyar su organización, a fin de ayudarlos a transformar esa forma de subsistencia en un trabajo digno y bien remunerado.

Mes a mes nos hemos ido desplazando por montañas y valles que conducen a comunidades perdidas, donde nos esperan grupos de mujeres que nos acogen cariñosamente. Es así como nos hemos ido introduciendo en este mundo, hemos ido conociendo la variedad de productos que recolectan, los diversos actores que participan en él y las condiciones en que se procesan y comercializan estos frutos, tanto dentro como fuera del país.

El camino nos ha ido llevando a descubrir la complejidad de esta actividad que tiene su origen en la tradición de recolectar que se ha venido transmitiendo de generación en generación entre los campesinos y que hoy día resurge con nuevas características debido a la cesantía de que los empuja a recoger frutos silvestres para salir a venderlos e incluso procesarlos para obtener un mejor precio, por ejemplo haciendo harina de avellanas.

Pero esto no es todo pues también observamos que actualmente la recolección se inicia con el requerimiento del empresario - comprador de los frutos, quien desencadena un proceso que comienza con el trabajo de los recolectores, continúa con la actividad de los intermediarios que les compran los productos, (ambos se encuentran sin otra alternativa laboral) y luego se extiende a los que transportan estos productos, a los empresarios y obreros que los procesan y finalmente a aquellos que los embarcan para que lleguen a su destino final que la mayoría de las veces son las empresas trasnacionales.

Después de trabajar con distintos grupos de recolectores apoyando la consolidación de sus organizaciones y de establecer una coordinación e intercambio entre ellos, de ir abriendo una relación con diversas empresas agroindustriales buscando establecer una relación directa entre estas y los recolectores y después de conocer también a algunos intermediarios, concluimos que es necesario romper con la invisibilización que ha mantenido oculto el proceso de la recolección pues daña gravemente a los miles de recolectores que hacen de ésta su fuente de trabajo.

En este contexto hemos comenzado a tomar contacto con diversas instituciones pues consideramos indispensable conocer, al menos a nivel regional, el número exacto de campesinos que trabajan en la recolección y cuál es el porcentaje de la fuerza de trabajo que representan, de manera que ellos puedan lograr un reconocimiento por su trabajo, obtener los beneficios sociales que les corresponden y reivindicar derechos que hoy día no les son acordados.

La casi inexistencia de organizaciones de recolectores sólidas en nuestro país, nos ha llevadoa buscar la relación con otras organizaciones de recolectoras en diversos países latinoamericanos. Por eso estamos buscando a través de Anamuri la conexión otras redes en Bolivia, Perú, Ecuador y Venezuela, de ellos esperamos aprender de las formas de la organización, orientación y experiencias de recolectoras organizadas en otros lugares.

También consideramos que los recolectores necesitan un apoyo técnico que contribuya a profesionalizar su oficio, tanto desde el punto de vista de su eficacia como de la preservación de ese medio ambiente que les ofrece sus frutos. Para ello nos hemos propuesto establecer una coordinación con las instituciones que puedan colaborar en esta perspectiva (universidades, institutos, etc.)

Ademas estimamos necesario que los medios de comunicación den a conocer la recolección como oficio, la vida de los recolectores, el proceso que viven los frutos desde que emergen en la naturaleza hasta que se transforman en alimentos, medicamentos, productos cosméticos, dentro y fuera del país.

Por último quisiéramos invitarlos a descubrir este mundo misterioso de los recolectores que existe desde hace ya muchas generaciones, se mantiene vivo en el tiempo como tradición y hoy día toma nuevas formas, producto de la globalización. Creemos sin embargo que junto con conocer esta realidad es necesario comprometerse con ella, a fin de lograr que los recolectores sean reconocidos en su calidad de trabajadores y puedan recuperar la dignidad que les han hecho perder sus condiciones de vida, de trabajo y de comercialización.

Concluyendo…

Este ha sido y es el camino que hemos recorrido como Taller de Acción Cultural. Nacimos por la fuerza de la acción liberadora de un sector social que lentamente se fue imponiendo a pesar de los golpes recibidos.

Nuestra acción responde al compromiso contraído con los sectores populares que se han propuesto construir una sociedad más justa a través de la implementación de un proyecto propio. Las actividades realizadas son parte de un proceso dialéctico impulsado por los distintos actores sociales que han participado en él.

Los resultados de esta acción compartida, nos han llevado a construir un método en que interactúan: la historia y el hacer historia, la práctica y su posterior reflexión, el diagnóstico y la investigación, la generación de conocimientos y la elaboración de propuestas, la organización de encuentros y el desarrollo de debates, la creación y el interés constante por aprender.

El camino iniciado sigue adelante pues los problemas fundamentales no han cambiado. Sólo el “rayado de cancha” es diferente al que nos trazó la dictadura y por eso actualmente readecuamos la forma de hacer nuestro trabajo, incorporando todo aquello que lo haga más eficiente y operativo.

Un ultimo desafio que emprendemos es esta Página Web, www.accioncultural.cl , que apunta en la misma dirección de nuestra. historia de busquedas. El potenciar la comunicación popular incorporando nuevas formas, el establecer nuevas relaciones todo esto nos trae nuevos desafíos que estamos abiertos a enfrentar. Esta pagina ha sido posible gracias al trabajo voluntario de Valentina Montero quien ha diseñado esta pagina y de Claudia Santibañez quien coordina esta actividad a quienes consideramos parte de nuestro equipo, de nuestros sueños y esperanzas.

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